¿Qué la hace imprescindible?
Un vestigio románico del siglo XII
La ermita conserva su cabecera original románica con ábside semicircular, uno de los elementos más antiguos del patrimonio de Los Arcos y testimonio del pasado medieval del Camino de Santiago.
Un antiguo hospital de peregrinos
En sus orígenes estuvo dedicada a San Lázaro y formó parte de un lazareto u hospital para peregrinos y enfermos. Incluso el rey Teobaldo II legó en su testamento diez ducados para su mantenimiento.
Una tradición viva en torno a San Blas
Cada 3 de febrero la ermita se convierte en el centro de una de las celebraciones populares más queridas de la localidad, con aurora, misa solemne y bendición de alimentos.
Cuándo visitar
La ermita puede visitarse durante todo el año en un entorno tranquilo a las afueras de Los Arcos. Un momento especialmente significativo es el 3 de febrero, día de San Blas, cuando se celebra la tradicional aurora, la misa solemne y la bendición de alimentos acompañada de reparto de rosquillas, chistorra y vino.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el centro de Los Arcos se puede llegar caminando en pocos minutos siguiendo el antiguo Camino de Santiago en dirección oeste a Viana.
La ermita se encuentra junto al propio Camino en dirección oeste por lo que es fácilmente accesible para ciclistas que recorren la ruta jacobea.
Se puede acceder desde la carretera NA-8401 en dirección a Sansol y Viana, con posibilidad de detenerse y aparcar en las inmediaciones.
Los Arcos cuenta con conexiones de transporte interurbano con localidades cercanas de Tierra Estella. Desde el casco urbano se puede continuar el recorrido a pie.
Más información
El templo primitivo estaba dedicado a San Lázaro, santo tradicionalmente asociado al cuidado de enfermos y leprosos, lo que explica la presencia de un lazareto en este lugar. La importancia de este hospital queda reflejada en el testamento del rey Teobaldo II de Navarra, quien en el siglo XIII dejó una donación de diez ducados para su mantenimiento. Durante siglos la ermita mantuvo esta advocación, aunque con el tiempo pasó a dedicarse a San Blas, obispo de Sebaste en la antigua Anatolia, (actual Turquía), mártir cristiano del siglo IV venerado tradicionalmente como protector frente a los males de garganta.
De la construcción románica original se conserva principalmente la cabecera, formada por un ábside semicircular de sillería, así como el primer tramo de la nave, ambos pertenecientes a la fábrica primitiva del siglo XII. El resto del edificio fue profundamente reformado durante el siglo XVIII. En su interior se venera una imagen popular de San Blas realizada entre los siglos XVII y XVIII, que preside el pequeño santuario.
Las excavaciones arqueológicas realizadas durante las restauraciones de finales del siglo XX revelaron restos humanos y objetos vinculados al Camino de Santiago. Entre estos, conchas de peregrino lo que confirma la función hospitalaria que tuvo este lugar durante la Edad Media.
La ermita ha mantenido también una intensa vida devocional a lo largo de los siglos gracias a la Cofradía de San Blas, documentada desde 1615. Sus miembros se encargaban de custodiar el templo y participar en las celebraciones religiosas vinculadas a la reliquia del santo conservada en la parroquia de Los Arcos.
Cada 3 de febrero, festividad de San Blas, la ermita vuelve a llenarse de vida con una romería popular. La jornada comienza con la aurora y la misa solemne, seguida del rosario y la bendición de alimentos.
La tradición continúa con el reparto de comida entre los asistentes: antiguamente abadejo, pan y vino; hoy se brinda bocadillos de chistorra y rosquilla, y concluye con un rancho de bacalao que recuerda una antigua tradición vinculada al milagro por el que San Blas habría salvado a un niño de morir asfixiado por una espina de pescado.
Actualmente la ermita se mantiene como un pequeño pero valioso testimonio del pasado jacobeo de Los Arcos y de la red de hospitales que durante siglos acompañó a los peregrinos en su camino hacia Santiago.