Tierra Estella

Ermita de la Virgen de Legarda

Uno de los grandes santuarios marianos medievales de Navarra, donde arte protogótico y devoción popular se unen en la Ribera del Ebro.

¿Qué la hace imprescindible?

Un santuario mariano de referencia en Navarra

Un santuario mariano de referencia en Navarra

Esta ermita fue durante siglos uno de los principales centros de peregrinación mariana del territorio. La imagen de Nuestra Señora de Legarda es patrona de Mendavia, Lodosa y Mués, pueblos que mantienen viva su devoción en la tradicional Romería de las Almendreras.

Una portada protogótica excepcional

Una portada protogótica excepcional

Construida a comienzos del siglo XIII, la portada destaca por su estilo de transición del románico al gótico navarro. En su tímpano se representa el Juicio Final y una detallada decoración escultórica vinculada a la escuela burgalesa.

Historia, paisaje y tradición viva

Historia, paisaje y tradición viva

Situada a pocos minutos de Mendavia y rodeada de campos de cultivo, la ermita conecta patrimonio medieval, paisaje agrícola y turismo enogastronómico, en una de las huertas más fértiles y reconocidas de Navarra.

Cuándo visitar

La ermita puede visitarse durante todo el año. La primavera es ideal, coincidiendo con la Romería de las Almendreras, cuando los pueblos de Mendavia, Lodosa y Mués peregrinan hasta el santuario. La visita puede completarse con la oferta enogastronómica local, basada en verduras de temporada y productos con denominación de origen.

Ideal para

Turismo cultural y patrimonial Turismo rural Senderismo y cicloturismo Amantes de las fiestas y tradiciones Turismo enogastronómico

Cómo llegar

A pie

Desde el casco urbano de Mendavia, el paseo es corto entre campos de cultivos que conducen directamente hasta la ermita.

En bicicleta

El entorno es ideal para rutas ciclistas suaves por la Ribera del Ebro.

En coche

Acceso por caminos locales desde Mendavia. Posibilidad de estacionar en las inmediaciones, respetando el entorno agrícola.

En autobús

Mendavia cuenta con conexiones interurbanas desde Estella-Lizarra y localidades cercanas. Desde el pueblo, el acceso a la ermita se realiza a pie o en bicicleta.

Más información

La Ermita de la Virgen de Legarda se alza en un lugar ocupado desde tiempos muy antiguos. En su entorno se han documentado restos prehistóricos, huellas de presencia romana y una temprana cristianización del territorio. La primera referencia escrita del lugar data del año 947, cuando el rey García Sánchez I de Navarra donó a la ermita los diezmos y primicias del lugar de San Martín, confirmando su importancia religiosa ya en época altomedieval.

La estructura conservada de estilo protogótico pertenece fundamentalmente a los comienzos del siglo XIII. De esta fase se mantienen dos tramos de la nave, los muros hasta el arranque de las cubiertas, una pequeña capilla cubierta con bóveda de crucería simple y una rica decoración escultórica en capiteles y ménsulas. A lo largo de los siglos, la ermita sufrió profundas transformaciones, especialmente entre los siglos XIII y XVIII, que cambiaron su fisonomía original.

Uno de sus elemento más destacados es la portada, situada a los pies del templo. De arco apuntado y múltiples arquivoltas, presenta una compleja iconografía del Juicio Final: Cristo entronizado en el tímpano, flanqueado por la Virgen y San Juan como intercesores, ángeles portando los símbolos de la Pasión y una decoración figurativa y geométrica de gran calidad.

Este conjunto escultórico se relaciona con la escuela burgalesa y recuerda a modelos como la portada del Sarmental de la Catedral de Burgos, difundidos en Navarra a través de Álava.

En el interior se venera la imagen de Nuestra Señora de Legarda, una talla del siglo XIII que representa a la Virgen sentada con el Niño en su regazo. La devoción a esta imagen fue tan intensa que convirtió la ermita en lugar de peregrinación para pueblos navarros, riojanos y alaveses. Además, el santuario custodia el tramo más largo conservado de las cadenas de la Batalla de las Navas de Tolosa: 43 eslabones que, según la tradición, fueron traídos a Navarra por el rey Sancho VII el Fuerte tras la victoria cristiana en 1212.
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