¿Qué la hace imprescindible?
Tradición viva desde 1810
Licores Azanza es una de las casas históricas del pacharán navarro. Más de dos siglos elaborando licores sin renunciar a la innovación.
Pacharán artesanal, de la tierra al vaso
Elaborado exclusivamente con arañones cultivados en la zona, seleccionados por su calidad y macerados de forma natural para lograr un sabor afrutado y auténtico.
Experiencia completa, bodega, campo y cata
Aquí no solo se prueba el pacharán: se entiende. Las visitas guiadas, el recorrido por la bodega, la explicación del proceso y la degustación final te va a conectar con el pueblo, el paisaje, el producto y la tradición.
Cuándo visitar
Licores Azanza se puede visitar todo el año.
Ideal para
Cómo llegar
Calle San Sebastián,13, bajo. 31178. Abárzuza.
Más información
En la sierra que rodea Abárzuza crece la endrina, conocida en Navarra como arañón, el fruto silvestre que da origen a los licores Azanza. Seleccionada con cuidado y respeto por la tierra, es la base de un producto profundamente ligado al paisaje y a una tradición que ha pasado de generación en generación.
Desde 1810, cinco generaciones de la familia Azanza han mantenido vivo el arte de elaborar licores en esta zona de Tierra Estella. Lo que empezó con anisados, brandis y orujos, continúa hoy con un pacharán artesanal que conserva el sabor de siempre, elaborado con paciencia, tiempos naturales de maceración y endrinas cultivadas en el entorno.
El Pacharán Azanza cuenta con los distintivos Reyno Gourmet y Artesanos de Navarra, que certifican su origen navarro, garantía de calidad, origen y tradición.
El proceso es sencillo y honesto, como lo ha sido siempre: buena materia prima, saber hacer heredado y respeto por el producto. A esto se suma la selección de nuevos ecotipos locales, que aportan una fruta de gran calidad y dan como resultado un pacharán afrutado, equilibrado y con identidad propia, amparado por la Denominación Específica Pacharán Navarro.
La experiencia se completa visitando la bodega. Durante las visitas guiadas, el viajero descubre el proceso de elaboración, degusta distintos macerados y entiende por qué cada botella cuenta una historia. No es solo una cata: es un encuentro con la tradición, con las personas que la mantienen viva y con un territorio que se saborea.
Una experiencia cercana y auténtica, perfecta para quienes recorren Tierra Estella con calma, se alojan en casas rurales de la zona o buscan llevarse a casa algo más que un recuerdo: un sabor con memoria.