¿Qué la hace imprescindible?
Románico tardío con elementos protogóticos
De finales del siglo XII, la ermita es un bello ejemplo del románico rural navarro en transición al protogótico, con nave única, cabecera semicircular y un potente arco triunfal apuntado que marca el paso al ábside.
Una portada románica de gran factura
La portada occidental, se compone de siete arquivoltas de medio punto, decoradas con baquetones sogueados, molduras lisas y motivos vegetales de hojarasca, una riqueza ornamental poco frecuente en edificios de diseño modesto.
Arquitectura integrada en la vida agrícola
Situada entre huertas y pequeñas construcciones al sur de Mués, la ermita se inserta de forma natural en el paisaje productivo tradicional, ofreciendo un ejemplo auténtico de patrimonio vívido, ideal para el turismo rural y cultural.
Cuándo visitar
La ermita puede visitarse durante todo el año desde el exterior. La primavera es especialmente recomendable, cuando las huertas que rodean la ermita están en pleno esplendor y coincide con las romerías y celebraciones tradicionales vinculadas al calendario rural. La cercanía a Los Arcos permite integrar la visita en rutas culturales y jacobeas.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el núcleo urbano de Mués se accede fácilmente caminando. El recorrido permite comprender la relación histórica entre la ermita y el paisaje de huertas que la rodea.
La ermita puede integrarse en rutas ciclistas tranquilas por el valle de la Berrueza, conectando Mués con Los Arcos y otros lugares patrimoniales cercanos.
El acceso se realiza por carretera local hasta Mués. Se recomienda estacionar en el casco urbano y completar el trayecto a pie.
Mués cuenta con conexiones interurbanas con localidades cercanas. Desde la parada, el acceso a la ermita se realiza a pie.
Más información
Las cubiertas son de medio cañón ligeramente apuntado en la nave y de cuarto de esfera en el ábside. Al exterior, los muros de sillería bien escuadrada se refuerzan con contrafuertes prismáticos, y se abren pequeños vanos abocinados hoy cegados, que iluminaban originalmente el presbiterio y la cabecera.
La portada situada a los pies del templo es uno de sus elementos más destacados. Su notable abocinamiento, con siete arquivoltas de medio punto, combina baquetones sogueados, molduras lisas y decoración vegetal esquematizada, motivos que se repiten en la chambrana exterior y en la imposta interior que recorre el perímetro del edificio.
La documentación medieval sobre la ermita es escasa. Algunos autores han planteado la hipótesis de que pudo funcionar como capilla de un hospital de leprosos, una dedicación frecuente bajo la advocación de Santa María Magdalena. El único hecho documentado con certeza es su donación al Monasterio de Irache en 1383 por el rey Carlos II de Navarra.
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