¿Qué la hace imprescindible?
Un convento con tres vidas
Empezando en el siglo XIII, Santa Clara ha sido edificado y reconstruido varias veces, dejando huellas de cada época en sus muros. Su historia es un viaje por siglos de espiritualidad, mecenazgo y transformación.
Un tesoro barroco inesperado
El templo del siglo XVII sorprende por su armonía, su cúpula sobre pechinas y un retablo mayor prechurrigueresco coronado por un magnífico tabernáculo de columnas salomónicas que guarda la talla de San Juanito.
Un lugar de silencio y belleza oculta
Aunque el convento está cerrado, la iglesia se abre ocasionalmente durante la Semana de Música Antigua. En esas ocasiones, el visitante descubre un interior vibrante de arte franciscano y pinturas que narran la vida de Santa Clara.
Cuándo visitar
El monasterio no ofrece visita libre y permanece cerrado la mayor parte del año. La mejor oportunidad para conocer su iglesia es durante la Semana de Música Antigua de Estella-Lizarra en septiembre, cuando acoge conciertos que permiten admirar su acústica y su retablo barroco.
Ideal para
Cómo llegar
Llegar es muy fácil y accesible. El monasterio se encuentra en el Paseo de Los Llanos, una zona llana y tranquila junto al río Ega. Desde el casco histórico se llega en 10–15 minutos, ideal para un paseo relajado.
Perfectamente accesible en bici. El paseo de Los Llanos es cómodo y agradable, con espacio para circular sin dificultad.
Se puede acceder sin problemas hasta las inmediaciones del monasterio. Hay aparcamientos públicos cercanos en la zona de Los Llanos y la estación de Autobuses.
Desde la Estación de Autobuses de Estella-Lizarra, el monasterio se encuentra cruzando la calle a unos dos minutos a pie.
Más información
A lo largo de su historia, el monasterio vivió varias reconstrucciones impulsadas tanto por familias nobles como por los propios Reyes de Navarra. Don Bernardo Montañer, noble estellés, aparece como posible fundador o gran benefactor que en 1274 encargó importantes obras en el monasterio. Su nieta, Doña Francisca Montañer, continuó el apoyo familiar, fundó tres capellanías y ordenó construir una casa anexa al convento. En 1430, la reina Blanca I de Navarra mandó erigir un majestuoso palacio junto al convento, gesto que consolidó su título de Real Monasterio.
Más de dos siglos después, entre 1635 y 1654, el ingreso de infantas navarras y los constantes donativos permitieron su renovación completa por el maestro Juan de Larrañaga, quien le dio su aspecto barroco actual utilizando exclusivamente ladrillo.
La iglesia, también obra de Larrañaga, es un ejemplo del barroco navarro: planta de cruz latina, cúpula sobre pechinas y una iluminación que realza el retablo mayor de Juan Barón de Guerendiaín realizado en 1679. Este retablo, junto con los colaterales dedicados a la Santísima Trinidad y a la Inmaculada, muestra la devoción franciscana en toda su fuerza, con columnas salomónicas y un estilo pre-churrigueresco de gran expresividad. En su centro destaca un delicado tabernáculo que hoy alberga la talla de San Juanito.
Las pinturas del techo, realizadas a comienzos del siglo XX, narran episodios de la vida de Santa Clara y conservan el lema franciscano Potuit, decuit, ergo fecit (Pudo, quiso, lo hizo), síntesis de la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción.
Tras siglos de vida contemplativa, el monasterio fue abandonado parcialmente en el siglo XX, lo que llevó a importantes trabajos de restauración tanto del edificio como del retablo. Hoy, aunque silencioso, sigue siendo uno de los lugares espirituales y artísticos más valiosos del patrimonio estellés.