¿Qué la hace imprescindible?
Un Monumento Natural excepcional
Declarados Monumento Natural en 1991, estos diecinueve ejemplares de álamo blanco (Populus alba) forman una de las alamedas monumentales más emblemáticas de Navarra.
Refugio de una fauna singular
Sus troncos centenarios, huecos naturales y cajas nido albergan una de las mayores colonias de murciélago enano de árbol (Pipistrellus pygmaeus) de la Península Ibérica.
Historia viva junto al río
Estos árboles están ligados a la memoria histórica de Lodosa. Durante las guerras carlistas, sus ramas superiores fueron podadas para permitir la vigilancia del puente y de la orilla opuesta del Ebro.
Cuándo visitar
Puede visitarse durante todo el año. La primavera y el otoño son especialmente recomendables por la frondosidad de la alameda y el atractivo cromático del entorno ribereño.
Ideal para
Cómo llegar
Desde el centro de Lodosa se accede fácilmente caminando hacia el parque de El Ferial y la ribera del Ebro en pocos minutos.
El paseo junto al río permite llegar cómodamente en bicicleta y hacer el recorrido cicleando.
Puede estacionarse en las inmediaciones del casco urbano y continuar a pie hasta la alameda.
Las líneas interurbanas conectan Lodosa con localidades cercanas. Desde la parada principal el acceso se realiza a pie.
Más información
Su protección como Monumento Natural en 1991 responde no solo a sus extraordinarias dimensiones y avanzada edad, poco habitual en esta especie, sino también al ecosistema que albergan. Los huecos naturales de sus troncos acogen una de las colonias más importantes de murciélago enano de árbol de la Península Ibérica, con una población estimada cercana al millar de ejemplares. Además, estos árboles acogen diferentes tipos de musgos, líquenes y otras formas de vida asociadas al bosque de ribera.
El ejemplar principal destaca por sus imponentes dimensiones y su extraordinario porte. Alcanza una altura de entre 20,3 y 22 metros, presenta un perímetro de tronco de 6,10 metros y un diámetro en la base de 1,74 metros. Su amplia copa, que llega a extenderse hasta los 24 metros de diámetro, constituye uno de sus rasgos más llamativos.
La alameda también forma parte de la historia de Lodosa. La tradición local recuerda que durante las guerras carlistas sus ramas superiores fueron cortadas para que las tropas liberales pudieran vigilar el puente y la orilla opuesta del Ebro, integrando así este espacio natural en la memoria histórica del municipio.